- Roccheti, AssuntaTercera clase · SobrevivióAssunta Rocchetti, veintiún años, bisabuela de Alberto
- Rochetti, Marina (17)Tercera clase · No sobrevivióprobablemente Marino, el hermano de Assunta, de dieciocho años según la familia, con el nombre escrito de oído
Assunta Rocchetti tenía veintiún años y era de Porto San Giorgio, en la costa de las Marcas, cerca de Fermo, que en aquel tiempo pertenecía a la provincia de Ascoli Piceno. Viajaba en tercera clase en el Principessa Mafalda con su hermano, Marino, de dieciocho. En la Argentina la esperaba Angelo Luciani, de veintidós años, con quien se casó. Venían, como dice la familia, a «hacer la Argentina»: trabajar, ayudar a la familia que se había quedado y algún día volver a Italia.
La familia guarda lo que ella contó de aquella noche. En medio del caos, había quienes tiraban manzanas y otros alimentos al agua para alejar a los tiburones. Ella logró subir a un bote, pero su hermano quedó aferrado al borde, y su peso ponía en peligro a todos los que estaban adentro. Un hombre, para que el bote no se hundiera, le cortó los dedos. Marino cayó al mar, y Assunta lo vio atacado por los tiburones. Ella sobrevivió y llegó a la Argentina sin nada: todo lo que traía quedó en el agua.
Assunta nunca más volvió a su tierra. En Rosario no podía ni mirar el río Paraná. De Marino no quedó ninguna fotografía. En 1929 nació el hijo de ella y de Angelo, y ella lo llamó Atilio Marino Luciani; es el abuelo de Alberto. Angelo murió en 1985, y Assunta en 1986. La familia sigue contando su historia hoy.
La lista de a bordo trae a los dos. «Roccheti, Assunta» está entre los sobrevivientes de tercera clase. Entre los muertos hay una «Rochetti, Marina», de diecisiete años. Debe de ser Marino: la lista se escribió de oído, y en ella los nombres cambian letras y hasta de género. La familia lo recuerda con dieciocho años; la lista dice diecisiete.
El bisnieto de Assunta se pregunta cuánto de esta historia puede reconstruirse con documentos. La escena en sí, ningún papel la confirma ni la desmiente. Lo que dicen los testimonios de 1927 es que los botes salieron demasiado llenos, que había gente aferrada a los bordes y a los cascos dados vuelta, y gente que empujaba a otros para ganarse un lugar. Sobre los tiburones, los sobrevivientes no coinciden: algunos contaron haberlos visto atacar a quienes estaban en el agua; otros pasaron horas en el mar y no vieron ninguno, y hubo quien pensó que eran sólo peces grandes que venían siguiendo al barco. El recuerdo de Assunta es una de las voces de aquella noche, y queda aquí como la familia lo guardó.
Assunta Rocchetti, hacia 1968 o 1970.
Fotografía del archivo de la familia, enviada por Alberto Iván Luciani.
En mi familia se conserva una historia que, generación tras generación, todavía se cuenta con una mezcla de dolor, incredulidad y respeto.
Mi bisabuela, Assunta Rocchetti, había viajado desde Italia a la Argentina a bordo del Principessa Mafalda, un transatlántico italiano que en 1927 emprendió su viaje hacia Sudamérica.
Pero aquel viaje terminó convirtiéndose en una tragedia.
Cuando el barco comenzó a hundirse, el caos se apoderó de todo. Según el relato que Assunta transmitió a nuestra familia, mientras las personas intentaban escapar y llegar a las embarcaciones de auxilio, algunos arrojaban manzanas y otros alimentos al agua para mantener alejados a los tiburones.
En medio de aquella desesperación, Assunta logró subir a una barcaza.
Pero su hermano quedó enganchado.
Su peso hacía peligrar también a quienes estaban intentando salvarse. Entonces, según el relato familiar, un hombre tomó una decisión terrible: para evitar que la embarcación se hundiera, le cortó los dedos que habían quedado atrapados.
El hermano de Assunta cayó al mar.
Y ella lo vio.
Según la historia que quedó grabada en la memoria familiar, Assunta vio cómo su hermano era atacado y devorado por los tiburones.
Ella sobrevivió.
Pero aquella escena la acompañó durante toda su vida y quedó como una de esas historias familiares que pasan de una generación a otra, incluso cuando ya no quedan testigos directos para contarla.
Hoy, tantos años después, nosotros seguimos preguntándonos cuánto de aquella historia puede reconstruirse documentalmente y cuánto pertenece a la memoria de una mujer que vivió una de las mayores tragedias marítimas de la inmigración italiana hacia la Argentina.
Lo que sí sabemos es que Assunta sobrevivió al Principessa Mafalda y llegó a la Argentina.
Y su historia, todavía hoy, sigue viva en nuestra familia.
Alberto Iván Luciani, su bisnieto
Assunta tenía 21 años, y Marino tenía 18 años.
Ella se casó con Angelo Luciani, de 22 años. Eran de Porto San Giorgio, Fermo, Ascoli Piceno. Angelo ya estaba en la Argentina. La estaba esperando. Ellos venían a hacer la Argentina, que era trabajar y volver a Italia, para ayudar a su familia. Pero Assunta no pudo volver más a su tierra. Es más: no podía ver ni el río Paraná, de la provincia de Santa Fe, Rosario, Argentina.
De ella, nada. Perdió todo en el agua. No hay fotos de Marino; sí de ella.
Tuvo un hijo en 1929, al que llamó Atilio Marino Luciani, y era mi abuelo. Assunta falleció en 1986. Angelo, en 1985.
El relato es de Alberto Iván Luciani, bisnieto de Assunta, enviado por el formulario del portal en octubre de 2026 y completado por él en un mensaje el mismo mes. Los nombres de a bordo son los de la lista de sobrevivientes y víctimas de 1927. Lo que dijeron los sobrevivientes sobre los botes y los tiburones viene de los testimonios publicados en la prensa de 1927, reunidos en la investigación del libro Terceira Classe.
Contada por Alberto Iván Luciani. Recibida el 5 de octubre de 2026.